En el Perú, más de medio millón de personas vive con algún grado de discapacidad auditiva, según cifras del INEI. Para este grupo, comunicarse fuera de su entorno cercano representa un reto constante, ya que la mayoría de oyentes no domina la lengua de señas peruana. Esta brecha limita sus oportunidades en los ámbitos educativo, laboral y social. Frente a esta situación, estudiantes de la carrera de Ingeniería de Sistemas Computacionales de la Universidad Privada del Norte (UPN) en Cajamarca desarrollaron “Manos que hablan”, un proyecto que utiliza inteligencia artificial para reducir esa barrera comunicativa.
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El prototipo es capaz de detectar y reconocer la lengua de señas peruana y traducirla en tiempo real a texto, permitiendo que cualquier persona interactúe de forma más fluida con la comunidad sorda. Actualmente, la herramienta ha demostrado su efectividad al identificar un conjunto básico de señas con buena precisión y los estudiantes están trabajando en ampliar el vocabulario y mejorar la velocidad de respuesta, con el objetivo de implementarlo en la vida cotidiana.
“Manos que Hablan” utiliza tecnologías de visión por computadora, redes neuronales y procesamiento de lenguaje natural, trabajando con Python, bibliotecas de inteligencia artificial como TensorFlow, OpenCV y soluciones de reconocimiento de gestos. Esto ha permitido que la propuesta avance más allá de la idea inicial y se convierta en una alternativa viable para abordar una de las principales brechas de accesibilidad en el país.

“Con esta herramienta, las personas sordas podrán comunicarse sin depender de intérpretes o del conocimiento previo de lengua de señas por parte de los oyentes. Además, la iniciativa busca sensibilizar a la sociedad sobre las dificultades que enfrenta esta comunidad y demostrar que la innovación puede ser un motor de cambio cuando se pone al servicio de las personas”, explicó Rosa Marleny López Martos, docente gestora de Ingeniería de Sistemas Computacionales de la UPN.
“Manos que Hablan” despierta interés por su potencial de aplicación en sectores clave como la educación, la salud, los servicios públicos y el ámbito empresarial. Su desarrollo demuestra cómo la tecnología puede promover la inclusión, convirtiéndose en un verdadero puente que facilita la interacción cotidiana.



